La concepción de Desarrollo que
se tiene en Argentina sin ser totalitarista, expresándome en términos
muy generales ya que la sociedad es completamente heterogénea, en general, es
la tradicional, un desarrollo en términos de evolución, de crecimiento, de
ir de lo simple a lo complejo, de lo poco a lo mucho, de responder a los estándares
propuestos por los pises desarrollados. La tecnificación de los procesos de
producción, la explotación de los recursos para satisfacer las necesidades
humanas en el sentido tradicional, la adquisición de materialidades
implica desarrollo, mejorar la calidad de vida aunque ello implique,
paradójicamente, grandes costos ambientales. Es la concepción de desarrollo
para amplios sectores sociales ya que no hay por parte de la misma una
reflexión, un detenerse a pensar en lo que estoy buscando y lo que pierdo en la
obtención de ello.
Así entonces el modelo
de organización del trabajo en el país responde al modo de producción
capitalista, el control por parte de unos grupos sociales por
los otros, con estructuras piramidales, verticalistas en su mayoría, en los
organismos, instituciones. Con un objetivo de ganancias, rentabilidad al
menor costo y obtención de plusvalía. El régimen de acumulación es
desigual, los beneficios se concentran en las grandes empresas, en
los grandes productores frente a los cuales los pequeños y medianos
muchas veces no pueden competir; las pérdidas son distribuidas en el total de
la sociedad ya sean económicas o ambientales.
Un ejemplo,
siendo hija de pequeño productor ganadero vacuno primario, y siendo Argentina un
país productor de materias primas, hoy (soja), lo que implica grandes
extensiones de tierra en la región pampeana principalmente con una base de
desarrollo que apunta a la tecnificación del trabajo, al uso de avanzada
tecnología y a la escasa demanda de mano de obra, sobre todo no calificada (la
calificada es demandada en menor medida debido a la tecnificación); puede
observarse que en el intercambio, el productor primario que responde al agronegocio,
es decir el empresario agrario posee ventajas frente al pequeño
productor primario; estos últimos, sin embargo son los que más trabajan, más
mano de obra demandan y menos ganan en la cadena de producción.
Para que se ilustre
mejor el caso… para que un pequeño productor ganadero tenga una nueva cría,
debe esperar 4 años promedio entre el tiempo de espera de “recambio” y no
exigencia de las vacas madres, aparte tiene costos sanitarios y veterinarios
como vacunas, marcas, etc; a partir de allí sigue la cadena,
“En el mes de
marzo (2020) se pagó por el ternero un precio promedio de $103,64 el kg. de
animal vivo de carne al mostrador. En la siguiente etapa, se considera un
proceso de engorde a corral siendo el feedlot quien adquiere el ternero, lo
engorda en 176 días y se obtiene un novillo con un peso neto de salida de 380
kg con destino al mercado interno. El precio promedio de venta del novillo al
frigorífico fue de $90,97 por kilo de animal vivo. El precio de venta a la
salida del frigorífico en marzo fue $178,92 el kilo de carne al gancho.
Finalmente, la carnicería, obtuvo un precio de $293,72 el kg para marzo. El IVA
representa el 10,5% ($30,84), por lo que el consumidor final pagó en promedio
$324,56 el kilo de carne. (Extraido de “Suena a campo, el multimedio del agro”
disponible en: http://suenaacampo.com/2020/05/06/por-cada-kilo-de-carne-que-se-vande-se-pagan-100-de-impuestos/
consultado el 26 de septiembre de 2020)
El modo de regulación
mediante los impuestos que se pagan en el país, para financiar una deuda
externa, planes, funcionarios públicos, etc, excepto las actividades
productivas, lleva a que las condiciones de desarrollo local sean cada vez más
difíciles en nuestro país.
Un pequeño o mediano
productor primario que en su actividad económica, que como señala Neef, no solo
apunta al desarrollo económico de la familia, sino que trasciende en valorar la
cultura, en el bienestar emocional, psíquico, respetar y sostener el estilo de
vida identitario de cada lugar, en este caso gente de campo que desde hace
cinco generaciones lleva una práctica sustentable y sostenible ya que se hace
rotación de parcelas de campo para no generar saturación y desertificación de
los suelos; se ven profundamente perjudicados por el tipo de organización,
administración y políticas de gobiernos aplicadas en respuesta a las demandas
de grandes corporaciones financieras que exigen la retracción del rol del
Estado al mínimo o por el contrario canalizar los esfuerzos en sostener un
capitalismo financiero que hace imposible para otro tipo de actividades económicas
desarrollarse y beneficiar a las sociedades locales.
De esta manera el
productor se ve obligado a buscar otras fuente de trabajo, ya sea por cuenta
propia o dependiente del Estado para sostenerse, es decir, satisfacer las
necesidades básicas, perdiendo en el proceso la confianza en seguir sosteniendo
su actividad; muchas veces optan, debido a la baja rentabilidad, por
vender los campos y alimentar al negocio inmobiliario, el cual muy
bien beneficiado por el sistema capitalista se encuentra; en otros casos, como
el de mi familia, el productor primario busca y obtiene un trabajo en el Estado
que le permite sostener su vida familiar y su actividad como productor primario
a pequeña escala; un trabajo en el Estado para sostener lo que el Estado
debería cuidar, el desarrollo local, esa es la nueva cadena de
producción a la que se ha llegado en sectores de medianos y pequeños
productores de nuestro país.
Queda más que claro que
el desarrollo local no es el interés principal de nuestros gobiernos,
sino por el contrario, el interés personal de la sociedad elitista, el interés
por financiar a grandes corporaciones que son “más rentables” y
funcionarias a las eternas deudas externas en las que estamos inmersos los
países latinoamericanos, que a su vez como Neef, lo menciona, en nuestro
caso como otros, hemos llegado a la hiperinflación.
En consecuencia, es
fundamental, como sostiene Luis José di Prieto Paolo (…)
“una política que
apunte a la generación de actores locales para el desarrollo,
al fortalecimiento de las organizaciones locales, a la creación de ámbitos
de participación en la elaboración, ejecución y evaluación de las políticas
sociales, al diseño de nuevas formas de articulación entre Estado, Mercado
y Sociedad. Ya no existe el Estado benefactor como productor ilimitado de
bienestar. Tampoco puede la justicia social estar librada a la oferta y demanda
del mercado. La búsqueda de esta nueva forma de articulación pasa por “una
necesaria descentralización institucional, por la afirmación de las
autonomías locales, por los procesos de generación de actores locales de
desarrollo”
Desde esta perspectiva y
retomando a Neef, es necesario la reelaboración de indicadores de
crecimiento cualitativos como los que el autor elabora con base en
la distinción entre necesidades, satisfactores y bienes para
que las políticas generadas desde los gobiernos respondan a las
necesidades de cada identidad de sociedad local.
Sin intenciones de ir en demasía en cuanto
a extensión del análisis, y yendo a lo central, considero que el tipo de organización
y valoración del trabajo, el régimen de acumulación, el modo de regulación en
Argentina, debe ser reestructurado bajo nuevas perspectivas socioeconómicas
como las planteadas, entre otros, por el economista Manfred A. Max Neef;
de esta manera estos elementos que son parte de la organización tradicional de
la economía, los cuales el autor no descarta ni niega, sino que resignifica,
serían benéficos, ampliarían y darían base solida a las posibilidades de
desarrollo a nuestras comunidades Argentinas, de una manera no tan desigual,
siendo optimista.
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