martes, 7 de septiembre de 2021

Reflexión sobre la noción de Modelo de Desarrollo. Modelo de organización del trabajo, Régimen de acumulación y Modo de regulación en la Argentina. Su impacto en las posibilidades del Desarrollo Local de nuestras comunidades.

 

La concepción de Desarrollo que se tiene en Argentina sin ser totalitarista, expresándome en términos muy generales ya que la sociedad es completamente heterogénea, en general, es la tradicional, un desarrollo en términos de evolución, de crecimiento, de ir de lo simple a lo complejo, de lo poco a lo mucho, de responder a los estándares propuestos por los pises desarrollados. La tecnificación de los procesos de producción, la explotación de los recursos para satisfacer las necesidades humanas en el sentido tradicional, la adquisición de materialidades implica desarrollo, mejorar la calidad de vida aunque ello implique, paradójicamente, grandes costos ambientales. Es la concepción de desarrollo para amplios sectores sociales ya que no hay por parte de la misma una reflexión, un detenerse a pensar en lo que estoy buscando y lo que pierdo en la obtención de ello.

Así entonces el modelo de organización del trabajo en el país responde al modo de producción capitalista, el control por parte de unos grupos sociales por los otros, con estructuras piramidales, verticalistas en su mayoría, en los organismos, instituciones. Con un objetivo de ganancias, rentabilidad al menor costo y obtención de plusvalía. El régimen de acumulación es desigual, los beneficios se concentran en las grandes empresas, en los grandes productores frente a los cuales los pequeños y medianos muchas veces no pueden competir; las pérdidas son distribuidas en el total de la sociedad ya sean económicas o ambientales.

 Un ejemplo, siendo hija de pequeño productor ganadero vacuno primario, y siendo Argentina un país productor de materias primas, hoy (soja), lo que implica grandes extensiones de tierra en la región pampeana principalmente con una base de desarrollo que apunta a la tecnificación del trabajo, al uso de avanzada tecnología y a la escasa demanda de mano de obra, sobre todo no calificada (la calificada es demandada en menor medida debido a la tecnificación); puede observarse que en el intercambio, el productor primario que responde al agronegocio, es decir el empresario agrario posee ventajas frente al pequeño productor primario; estos últimos, sin embargo son los que más trabajan, más mano de obra demandan y menos ganan en la cadena de producción.

Para que se ilustre mejor el caso… para que un pequeño productor ganadero tenga una nueva cría, debe esperar 4 años promedio entre el tiempo de espera de “recambio” y no exigencia de las vacas madres, aparte tiene costos sanitarios y veterinarios como vacunas, marcas, etc;  a partir de allí sigue la cadena,

 “En el mes de marzo (2020) se pagó por el ternero un precio promedio de $103,64 el kg. de animal vivo de carne al mostrador. En la siguiente etapa, se considera un proceso de engorde a corral siendo el feedlot quien adquiere el ternero, lo engorda en 176 días y se obtiene un novillo con un peso neto de salida de 380 kg con destino al mercado interno. El precio promedio de venta del novillo al frigorífico fue de $90,97 por kilo de animal vivo. El precio de venta a la salida del frigorífico en marzo fue $178,92 el kilo de carne al gancho. Finalmente, la carnicería, obtuvo un precio de $293,72 el kg para marzo. El IVA representa el 10,5% ($30,84), por lo que el consumidor final pagó en promedio $324,56 el kilo de carne. (Extraido de “Suena a campo, el multimedio del agro” disponible en: http://suenaacampo.com/2020/05/06/por-cada-kilo-de-carne-que-se-vande-se-pagan-100-de-impuestos/ consultado el 26 de septiembre de 2020)

El modo de regulación mediante los impuestos que se pagan en el país, para financiar una deuda externa, planes, funcionarios públicos, etc, excepto las actividades productivas, lleva a que las condiciones de desarrollo local sean cada vez más difíciles en nuestro país.

Un pequeño o mediano productor primario que en su actividad económica, que como señala Neef, no solo apunta al desarrollo económico de la familia, sino que trasciende en valorar la cultura, en el bienestar emocional, psíquico, respetar y sostener el estilo de vida identitario de cada lugar, en este caso gente de campo que desde hace cinco generaciones lleva una práctica sustentable y sostenible ya que se hace rotación de parcelas de campo para no generar saturación y desertificación de los suelos; se ven profundamente perjudicados por el tipo de organización, administración y políticas de gobiernos aplicadas en respuesta a las demandas de grandes corporaciones financieras que exigen la retracción del rol del Estado al mínimo o por el contrario canalizar los esfuerzos en sostener un capitalismo financiero que hace imposible para otro tipo de actividades económicas desarrollarse y beneficiar a las sociedades locales.

De esta manera el productor se ve obligado a buscar otras fuente de trabajo, ya sea por cuenta propia o dependiente del Estado para sostenerse, es decir, satisfacer las necesidades básicas, perdiendo en el proceso la confianza en seguir sosteniendo su actividad; muchas veces optan, debido a la baja rentabilidad, por vender los campos y alimentar al negocio inmobiliario, el cual muy bien beneficiado por el sistema capitalista se encuentra; en otros casos, como el de mi familia, el productor primario busca y obtiene un trabajo en el Estado que le permite sostener su vida familiar y su actividad como productor primario a pequeña escala; un trabajo en el Estado para sostener lo que el Estado debería cuidar, el desarrollo local, esa es la nueva cadena de producción a la que se ha llegado en sectores de medianos y pequeños productores de nuestro país.

Queda más que claro que el desarrollo local no es el interés principal de nuestros gobiernos, sino por el contrario, el interés personal de la sociedad elitista, el interés por financiar a grandes corporaciones que son “más rentables” y funcionarias a las eternas deudas externas en las que estamos inmersos los países latinoamericanos, que a su vez como Neef, lo menciona, en nuestro caso como otros, hemos llegado a la hiperinflación.

En consecuencia, es fundamental, como sostiene Luis José di Prieto Paolo (…)

“una política que apunte a la generación de actores locales para el desarrollo, al fortalecimiento de las organizaciones locales, a la creación de ámbitos de participación en la elaboración, ejecución y evaluación de las políticas sociales, al diseño de nuevas formas de articulación entre Estado, Mercado y Sociedad. Ya no existe el Estado benefactor como productor ilimitado de bienestar. Tampoco puede la justicia social estar librada a la oferta y demanda del mercado. La búsqueda de esta nueva forma de articulación pasa por “una necesaria descentralización institucional, por la afirmación de las autonomías locales, por los procesos de generación de actores locales de desarrollo”

Desde esta perspectiva y retomando a Neef, es necesario la reelaboración de indicadores de crecimiento cualitativos como los que el autor elabora con base en la distinción entre necesidades, satisfactores y bienes para que las políticas generadas desde los gobiernos respondan a las necesidades de cada identidad de sociedad local.

Sin intenciones de ir en demasía en cuanto a extensión del análisis, y yendo a lo central, considero que el tipo de organización y valoración del trabajo, el régimen de acumulación, el modo de regulación en Argentina, debe ser reestructurado bajo nuevas perspectivas socioeconómicas como las planteadas, entre otros, por el economista Manfred A. Max Neef; de esta manera estos elementos que son parte de la organización tradicional de la economía, los cuales el autor no descarta ni niega, sino que resignifica, serían benéficos, ampliarían y darían base solida a las posibilidades de desarrollo a nuestras comunidades Argentinas, de una manera no tan desigual, siendo optimista.


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