Si
el desarrollo es entendido como el proceso, las fases en que una sociedad, un
estado nación, pasa de una situación socioeconómica simple a una más compleja
en el cual la calidad de vida de las personas mejora (esto en términos de
discurso legitimador del mismo) entonces el turismo, funcionaria aquí como la
herramienta, el medio por el cual tanto países desarrollados como países
subdesarrollados podrían atravesar dicha
transformación.
Pero
el análisis no es tan lineal como el discurso lo presenta, ya que una sociedad
no solo se compone de un aspecto económico, sino de otros como el cultural y el
político; este último, en la propuesta del turismo como gestor del desarrollo
posee gran peso decisivo, ya que será mediante las decisiones políticas que
esta actividad se lleve a cabo en el territorio, así, si se quiere, tenemos una
propuesta impartida desde países, economías, políticas y sociedades de
contextos culturales distantes a un supuesto problema económico de países
economías, políticas y sociedades de contextos culturales otros. ¿Qué quiero
decir con esto?, los problemas de pobreza en los países mal llamados
subdesarrollados, no tienen que ver con el no acceso o el no paso a la transformación de la
modernización, sino que tienen que ver con las gestiones políticas de estos
últimos en función de los primeros, como Eduardo Galeano nos dice, el subdesarrollo es el resultado histórico
del desarrollo ajeno y muy bien Britton G. Stephen, nos lo va a explicar mediante
los casos de las islas Cook, Tonga y Fiji al demostrar cómo mientras los
vínculos con la vieja colonia son más fuertes, la idea de desarrollo se instala
con mayor solidez y genera, a través del tiempo, vínculos más estrechos con las
economías globalizantes. De esta manera, a partir de los años 70` el turismo se
irá instalando como el factor modernizador mediante las nuevas modalidades del
desarrollo, “desarrollo endógeno”, “desarrollo local”, “ecodesarrollo”,
“desarrollo humano”, “desarrollo sustentable”, entre otros, Almirón (2009:69), sin una clara conceptualización del término
“desarrollo”, en conjunto con el alto grado de institucionalidad que irá
tomando a lo largo del tiempo. Esto genera las bases para una concepción de
dicha actividad, a priori, positiva para los contextos tercermundistas menos
favorecidos, en relación a los del primer mundo.
Cabe
aquí señalar que estas nuevas modalidades de desarrollo irán acompañadas de
nuevas dimensiones que antes no eran tenidas en cuenta como las de la social,
la cultural y la política institucional; las cuales si bien dan cuenta de una
nueva perspectiva, se encuentran aminorizadas por la escaza claridad del término
desarrollo que es en definitiva la que las definirá ante los análisis o
proyectos que se lleven a cabo.
Con
todo esto intento expresar que el turismo desde el marco de los países “desarrollados”
como actividad para un “progreso” económico se encuentra en coherencia con
dichos contextos, no así con los países considerados como “subdesarrollados”,
ya que las recetas económicas propuestas por los primeros no contemplan los
contextos propios de estos últimos.
Un
turismo que cumpla un rol productivo para el territorio, (entendido este en su mayor
complejidad), de los países del tercer mundo, debiera ser un turismo que escape
a las condiciones y manejos de los organismos internacionales, siendo este
llevado a cabo por la sociedad misma, por las autoridades representativas
mismas del lugar y en cuanto a los lazos con el extranjero debieran darse mediante
el marketing, que muy bien puede y sabe llevar a cabo el gobierno, mediante los
medios de comunicación como lo es, por ejemplo, internet. Todo esto pensando en
que los intereses reales sean el desarrollo local, el bienestar social general
y no tan solo un discurso para el bienestar social de un pequeño grupo como se
viene sucediendo históricamente.
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